Debido al deterioro crítico de la flota municipal y la rotura de la única unidad operativa, la Secretaría de Obras Públicas tercerizó el servicio para cubrir las zonas más afectadas por la sequía. Cristian Rojas, titular del área, admitió que es un gasto imprevisto para las arcas públicas.
El intenso calor y la persistente sequía han puesto en jaque la gestión de los servicios básicos en la ciudad. En una entrevista reciente, Cristian Rojas, secretario de Obras Públicas, confirmó que la Municipalidad se vio obligada a contratar los servicios de la empresa privada "Martins" para llevar adelante las tareas de riego, ante la imposibilidad de hacerlo con recursos propios.
La situación del parque automotor municipal es crítica. Según detalló el funcionario, dos de los camiones regadores —modelos 1982 y 1984— quedaron definitivamente fuera de servicio tras un reclamo del sindicato, que consideró que las unidades no cumplían con las condiciones mínimas de seguridad para los trabajadores. A este escenario se sumó la rotura de la bomba de un tercer vehículo, cuya reparación demorará entre 15 y 20 días.
"Es un costo que no teníamos pensado", reconoció Rojas respecto a la contratación externa, aunque destacó que la empresa privada aplicó una tarifa especial por tratarse de una colaboración con la zona. Las zonas prioritarias donde se verá el camión particular incluyen la zona ribereña, Maistegui, barrio Kennedy, las inmediaciones de la ruta y el camino de Ferri, donde el polvo en suspensión afecta la salud y la transitabilidad de los vecinos.
Polémica por el trato al personal y el control de horarios
En otro orden de temas, Rojas se refirió a los rumores que circulan sobre un presunto malestar de los empleados del Corralón municipal hacia su persona y sus tratos. El funcionario vinculó estas versiones a las nuevas políticas de control interno que busca implementar en la repartición.
"Puede haber algún empleado al que no le guste que uno lo mande a hacer su trabajo", disparó, señalando que existen "modismos" arraigados donde se cumplían menos horas de las correspondientes. Según el secretario, el foco del conflicto radica en el control de presentismo: "Estamos tratando de regular el 'que no me marque y se vaya'. Eso no está pasando más".
Rojas minimizó las acusaciones de maltrato o gestos despectivos, argumentando que la resistencia proviene de quienes estaban acostumbrados a no cumplir con la jornada de seis horas. "Por supuesto que generar control les va a causar malestar y van a hablar mal de uno, pero es parte del trabajo que me corresponde hacer", concluyó, restando importancia al conflicto al mencionar que recibió numerosas invitaciones de los propios empleados para los festejos de fin de año.