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Un agente penitenciario desató una masacre en Santa Fe

Las víctimas fueron su expareja, una hija de esta mujer y su novio, su excuñada y su ex suegra.

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Por segundo año consecutivo la ciudad de Santa Fe se vio conmocionada por un múltiple crimen en una época en la que la mayoría de las personas sólo piensa en lo que dejó la Navidad y lo que traerá el Año Nuevo. Ayer, bajo el sol agobiante de la siesta, un agente del Servicio Penitenciario (SP) provincial asesinó a balazos a su ex mujer, a su ex suegra, a su ex cuñada, a la hija de su ex mujer y a la pareja de ésta en un episodio que alteró el cansino ritmo del populoso barrio Alfonso, en la zona suroeste de la capital. Además, el quíntuple homicida hirió con su arma reglamentaria a un adolescente de 17 años que anoche estaba fuera de peligro.

Facundo Solís, suboficial del Servicio Penitenciario con 12 años de antigüedad en la fuerza y 33 años de edad, se desempeñaba en la cárcel de Piñero (ver página 34) y tras cometer la masacre trató de refugiarse en la vivienda de su ex pareja. Pero el cerrojo policial y los vecinos que se arremolinaron para insultarlo e intentar lincharlo, hizo que se entregue poco después de las 15, ya sin efectuar un disparo y entregando la pistola oficial calibre 9 milímetros que usó para la masacre.

Las víctimas fatales fueron identificadas como Mariela Nogueras, de 35 años y ex esposa del homicida; su hija, Ailén Soto, de 19 años; el novio de la adolescente, de 20 años y sólo identificado como Joel; la madre de Mariela, llamada Carmen Loseco, de 70 años; y la hermana de Mariela, Sonia Nogueras.

Cuatro pasos sangrientos

El brutal episodio tuvo cuatro pasos y tres escenarios en otras tantas viviendas ubicadas en una misma cuadra. Todo sucedió sobre calle Monseñor Zaspe al 4100, lugar al que acudieron alrededor de las 15 alertados por un llamado al 911 numerosos móviles policiales que al cabo de un cuarto de hora lograron detener al atacante. Poco después también arribaron a la escena, atestada de vecinos y periodistas, el fiscal Gonzalo Iglesias y el fiscal regional Carlos Arietti.

Cuando Solís llegó al barrio lo primero que hizo fue buscar a sus hijos, de 5 y 9 años, en la casa de su pareja. "Se los llevó a la casa de la madre y luego volvió" a la ex vivienda conyugal para consumar el femicidio y los otros cuatro crímenes.

Apenas retornó al barrio se cruzó en la calle con Mariela, quien volvía de su trabajo en el Área de Derechos Humanos de la Casa de Gobierno santafesina donde asesoraba a mujeres como ella para tratar de buscar salidas al maltrato y la violencia doméstica participando del colectivo "Ni una menos". Sin piedad la asesinó en la calle.

Luego se dirigió a una de las viviendas ubicadas en la vereda sur de Monseñor Zaspe al 4100 donde asesinó a Ailén (hija de Mariela) y a Joel, el novio de la adolescente. Apenas separadas por un pequeño quiosco prosiguió su raid en otras dos casas ubicadas sobre la misma vereda. Así asesinó a su ex cuñada y a su ex suegra en viviendas contiguas. Entre el primero y el último homicidio apenas transcurrieron unos minutos.

La masacre involucró a los integrantes de una misma familia y remitió tanto temporalmente como por sus ribetes de violencia de género al cuádruple homicidio cometido por Marcos Feruglio el 24 de diciembre de 2016 en una quinta de Sauce viejo y un edificio del barrio Sur de la ciudad de Santa Fe.

Violencia de género

Según declaró a los medios Alberto Nogueras, hermano de Mariela, por reiterados antecedentes de violencia de género Solís tenía prohibido por la Justicia acercarse a menos de 100 metros de la casa de su ex cónyuge. Fue después de una denuncia por lesiones leves radicada a principios de este mes por la mujer y confirmada ayer por el fiscal de la causa.

"La tenía amenazada de muerte, la encerraba y le pegaba. Hoy (por ayer) ella volvía de trabajar, era empleada pública. La estaba esperando y la mató como un perro en la vereda de la casa", declaró acongojado el hermano de Mariela. "Se ve que lo tenía todo planificado", consignó consternado el hombre al recordar que su ex cuñado, antes de perpetrar la masacre, se llevó a los dos hijitos que tenía con Mariela.

Luego de asesinar a su ex mujer, Solís se dirigió a otra de las viviendas ubicadas en la vereda sur de Monseñor Zaspe al 4100 donde asesinó a Ailén y a Joel. Apenas separadas por un pequeño quiosco prosiguió su raid a otras dos viviendas de la misma vereda y asesinó a su ex cuñada y a su ex suegra en dos viviendas contiguas. En ese marco también hirió a Franco L., de 17 años y sobrino de la ex pareja del agresor, quien ingresó al hospital José María Cullen con una herida de arma de fuego en el antebrazo y fractura de cúbito y su estado de salud no revestía gravedad, informó Juan Pablo Poletti, director del centro asistencial capitalino.

En su desahogo ante los medios, el hermano de Mariela dijo que Solís "vivía exhibiendo el arma y haciendo locuras." "Como era guardiacárcel quería imponer autoridad a los tiros, es un violento. Acá en el barrio todos lo conocían, pregunten a los vecinos", dijo Alberto Nogueras, al describir la personalidad del autor del múltiple crimen.

"Hace un año ya tenía una denuncia por violencia de género pero nunca actuaron, no se podía acercar a cien metros de mi hermana pero ella no tenía botón antipánico, se ve que la Justicia es bastante lenta", se lamentó. También comentó que Solís "vino antes (de cometer el múltiple crimen) buscó a los dos chicos que tuvo con mi hermana, se los llevó a la casa de la madre y volvió para cometer esta locura. El sabía que mi hermana llegaba a esa hora (después de las 14) de trabajar, la esperó y la asesinó en la vereda y después a mi familia como si fueran perros".

Temeraria autoridad

"Cuando estaba en la casa _continuó Alberto_ se paseaba las 24 horas del día, tiraba tiros, hacía locuras, quería hacer valer autoridad de una manera que no era la adecuada. Tenía amenazada a toda la familia y a veces cuando limpiaba el arma les decía a los chicos que si se portaban mal una bala sería para ellos". Y clamó: "Esperemos que se haga justicia, les pido a los jueces que le den una condena de por vida".

"Lo tenía todo planificado porque había citado a otro de mis hermanos a las tres de la tarde, se ve que quería hacer una masacre completa", relató Alberto, quien fue quien reveló que sobre Solís pesaban dos denuncias por violencia de género por parte de su ex pareja: "una de fines del año pasado y otra de hace aproximadamente tres semanas".

Al respecto el fiscal Iglesias informó anoche que "tenemos registro de una denuncia (contra Solís) del 3 de diciembre pasado por lesiones leves. Cuando tomó intervención el médico policial no se constataron lesiones visibles en la víctima, que expresamente desistió de iniciar la acción penal ante esa denuncia".

"Era un loco, un loco. Tenía restricciones por violencia. Un montón de veces vino la policía a sacarlo y siempre se iba gritando que iba a volver a matarlos y pasó eso", contó una amiga de Sonia Nogueras. Un vecino del barrio Alfonso que en la tórrida siesta de ayer observaba atónito la invasión de policías y periodistas en la cuadra en la que vive hace más de dos décadas comentó que el asesino "era un sujeto violento, con Mariela iban y volvían, ahora creo que estaban separados pero siempre se lo veía por el barrio, a veces de civil y a veces con uniforme. Era un hombre de mirada desafiante, nunca conversé con él, pero la verdad inspiraba miedo". Y otro vecino completó: "Cuando ganaba Colón festejaba a los tiros".

Los vecinos de las víctimas coincidieron en que "de verdad, nos imaginábamos que podía llegar a pasar algo así. Porque por comentarios sabíamos que (Solís) la encerraba y la torturaba, era algo constante", confesó uno de ellos consternado ante el desfile de ambulancias, patrullas, uniformados y forenses que invadían la populosa barriada cercana a la ex estación del Ferrocarril Mitre.

La presunción de los vecinos

Liliana, una vecina de barrio Alfonso que vive a metros de las casas de Monseñor Zazpe al 4100 donde se produjo la masacre sostuvo visiblemente consternada: "Sentí los disparos, pero pensé que eran cohetes por las fiestas, y la vecina de enfrente me avisó qué estaba pasando". Con respecto a la personalidad del asesino, Liliana expresó que "lo habían sacado de la casa porque tenía una restricción para acercarse a su familia. Era conflictivo con ella y con los vecinos, siempre. La señora había hecho denuncias porque era muy agresivo". Y acotó: "Imaginábamos que podía llegar a pasar algo así".

Fuente: La Capital

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