Guillermo Posadas relató el tenso momento vivido a metros de la ruta. Más allá de las cañas y artículos de pesca robados, alertó sobre el grave daño psicológico en sus pequeñas hijas: "Lloraban toda la noche".
Anoche, alrededor de las 00:30 hs, tres delincuentes ingresaron al garage de una vivienda interna ubicada en Sargento Cabral al 850, a escasos 60 metros de la traza de la ruta, donde reside Guillermo Posadas junto a su esposa y sus hijas de 7 y 12 años.
La secuencia se inició cuando toda la familia se encontraba en el sector del comedor. En ese instante, la hija mayor de 12 años divisó a través de la ventana una silueta extraña que se desplazaba en la oscuridad del garage. "Pega un grito: 'Papi, ¿nos están robando?'. Ahí yo salgo a correr, hasta que encuentro la llave del portón y todo, pero esta gente ya salió corriendo", relató Guillermo a Extremo Diario. Según pudo observar, se trataba de tres hombres jóvenes, dos de ellos vestidos con capuchas negras y el restante con un buzo de color blanco.
A pesar de que el vecino reaccionó con rapidez buscando las llaves de su vehículo para intentar perseguirlos por las calles del barrio, los malvivientes lograron darse a la fuga perdiéndose en las inmediaciones. En el recuento de los daños, Posadas constató la sustracción de diversos artículos de valor: "No son cosas importantes, pero bueno, son cosas materiales. Son todas cosas de pesca; yo tenía cañas de pesca, bolsas de pesca, cosas de pesca en todo un sector del garage y esta gente entró y se llevó varias cosas".
Sin embargo, el damnificado hizo especial hincapié en que las secuelas materiales pasan a un segundo plano ante el profundo trauma psicológico infligido a las menores de edad. "El dolor más grande es por el miedo de las nenas, que después no se querían dormir por el tema de 'papi van a volver', 'papi van a entrar de nuevo', 'papi ahora cómo duermo'. Acá el tema no es lo que robaron materialmente, sino que es como una violación, porque el miedo que les dejan a los menores los aterroriza. Quedan mal. Eran las dos de la mañana y no se querían dormir, lloraban toda la noche. Ver una persona desconocida dentro de tu casa no es nada lindo; a los chicos les arruina la vida, quedaron muy sensibles", lamentó con profunda impotencia.
Finalmente, el vecino no ocultó su indignación por el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra el vecindario, conectando su caso con el reciente saqueo al motorhome de Rubén Peyré ocurrido a pocas cuadras. "Arroyo Seco hoy parece una zona liberada, acá no pasa nadie, nunca un móvil, nada. Recién ahora que le robaron a esta gente el motorhome se vio algo. Ayer cuando salí a correr los encontré a los móviles de la GUM, pero ya los chicos se habían llevado las cañas y todo. Ahora no queda otra que esperar, guardarse y poner más seguridad: alambre de púa, cámaras y todo lo que pueda para que dios quiera no vuelvan más", concluyó.