El consumo de carne vacuna en la Argentina registró una contracción histórica durante el primer semestre del año, impulsado por la pérdida del poder adquisitivo de las familias y la pronunciada brecha de precios frente a otras opciones de la canasta básica.
De acuerdo con los datos del sector, el consumo per cápita de carne bovina sufrió un desplome del 14,1% interanual, situándose en 44,7 kilos por habitante al año. Este indicador —que implica una baja cercana al 12% en el volumen total destinado al mercado interno— representa uno de los registros más ajustados de los últimos treinta años.
Pese a la notable retracción en la compra de cortes vacunos, la ingesta total de proteína animal en los hogares argentinos no se derrumbó en la misma proporción, sino que atravesó una transformación estructural en las preferencias de compra.
La diferencia de costos económicos provocó una migración directa del consumidor hacia la carne de ave y de cerdo, que experimentaron subas interanuales del 3,5% y del 4,2%, respectivamente. Este traspaso de consumo permitió amortiguar la caída del rubro bovino, logrando que el consumo sumado de todas las carnes se sostenga por encima de los 105 kilos anuales por persona.
El fenómeno evidencia una reestructuración forzada en el presupuesto familiar: el asado y los cortes tradicionales perdieron su hegemonía histórica para ceder terreno a alternativas más económicas que hoy garantizan la proteína en el menú cotidiano.
El gremio se sumará al paro nacional del 18 al 22 de agosto y exigirá al Gobierno la implementación de la ley aprobada por el Congreso