Las líneas de investigación luego del atentado a Bonfatti apuntan principalmente a los grupos que se disputan el negocio de la droga pero no se cierran allí. Lamberto convocó a jefes policiales de toda la provincia para analizar la situación
Rosario.- Una vez que los cuatro encapuchados en moto pararon en Darragueira y Gallo, descargaron casi una veintena de disparos contra la casa de la esquina -decían que en total cuatro de ellos ingresaron a la misma sala donde el gobernador Antonio Bonfatti miraba el partido de Argentina-, y huyeron hacia el oeste, dos palabras comenzaron a retumbar a la hora de analizar quiénes ordenaron el ataque: los narcos.
Era casi una obviedad apuntar como primera hipótesis sobre los mentores del atentado a los grupos que vienen manteniendo una sangrienta disputa por el millonario negocio de la droga y que a su vez vieron caer en prisión en los últimos tiempos a algunos de sus referentes o supuestos referentes, como los Cantero en Rosario, el Pollo Bassi en Villa Gobernador Gálvez, o Carlos Ascaíni y Totola Orozco en el extremo sur de la provincia. Referentes que, aún desde la cárcel, siguen manteniendo enorme poder y capacidad de comunicación con el afuera, como quedó demostrado cuando se secuestraron celulares y hasta notebooks con conexión a internet a los jefes de la banda de Los Monos detenidos.
Sin embargo, las primeras líneas que analizaba el Ministerio de Seguridad apuntaban no hacia los Cantero, cuyo asiento siempre fue la zona sur, sino hacia bandas que se disputan el negocio en la zona norte de la ciudad. El fútbol, o mejor dicho el entrecruzamiento evidente entre narcotráfico y barras bravas, estaba también claramente en análisis. Se sabe que los integrantes de las hinchadas son a la vez soldados del crimen organizado, cada vez más metido en las tribunas.
¿Un ataque ordenado por un jefe narco y a la vez ejecutado por miembros de alguna barra? Como para corroborar una vez más que todo tiene que ver con todo está allí la imagen que se conoció tras un reciente allanamiento a la casa de los Cantero, donde se ve a integrantes de la banda de Los Monos junto con el jefe de la barra brava de Central, Andrés Pillín Bracamonte. Otros datos como para mirar a las hinchadas: en los últimos días fue procesado el detenido jefe de la barra de Newell´s, el Panadero Ochoa, y la cercanía del clásico de la ciudad, con todo lo que significa que se juege sólo con público local, en este caso Rosario Central.
¿Y la policía? ¿Pudo haber algún sector involucrado en un hecho de esta naturaleza? Es un hecho archisabido la connivencia entre uniformados con barras y narcos. Y que el accionar de las barras delictivas cuenta con la inevitable vista gorda, liberación de zonas e información privilegiada que obtienen de integrantes de las fuerzas de seguridad. Y que además, las internas de la fuerza están a flor de piel.
Fuentes del Ministerio de Seguridad pensaban que no se trataba en este caso de un hecho armado por un sector policial, aunque pueda haber algún agente involucrado con quien lo haya ordenado. Y sobre todo que no eran policías los que ejecutaron el hecho, ya que los proyectiles que dispararon eran viejos y no están en uso actual por la fuerza. Igual, acaso como mensaje, el ministro Raúl Lamberto citó para este mismo sábado a jefes policiales de toda la provincia para analizar la situación.
Hasta aquí, todos los actores mencionados son, de alguna manera, los mismos protagonistas de la película inusualmente sangrienta a la que la ciudad asiste desde hace tiempo. Y que sumó esta semana, vale decirlo, una nueva seguidilla de crímenes en distintos barrios marginales y en Villa Gobernador Gálvez.
Sin embargo, aunque con menos fuerza, aparecía también otra hipótesis y es que el ataque a Bonfatti pudo tener que ver con violentos de otro ámbito: el gremial. Apuntaban, específicamente a la detención, días atrás, de 16 dirigentes desplazados de la seccional Santa Fe de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra), entre ellos los hermanos Araya, a quienes se les secuestraron armas muy poderosas y chalecos antibala.
Damián Schwarzstein
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