El canalla fue de mayor a menor en el juego y terminó perdiendo 2 a 1 con Lanús. La lluvia jugó su partido, pero el Canalla no estuvo fino en los momentos justos y lo pagó caro.

Walter Acuña fue lo mejor en un equipo que, por momentos, fue pura desorientación. Foto: Ahora Deportes
Casi como un anticipo de lo que se iba a venir, la lluvia era el protagonista de la tarde. El riesgo de la suspensión del encuentro estuvo latente hasta pasadas las 13.30. Pero finalmente Mariano González decidió que se juegue. Desde el primer minuto se vio el rol del agua que arruinaba jugadas sin dirimir camisetas.
En ese contexto, el partido era parejo y complicado pero Jesús Méndez aprovechó una pifia de la defensa de Lanús, habilitó a Walter Acuña y cuando era todo del local, Cachete sacó un remate cruzado que se fue ancho. Rosario Central estaba vivo, guardaba fuerzas y ante cada error golpeaba fuerte. Dos minutos más tarde volvió a aparecer el delantero canalla, eludió a tres marcadores encarando del centro hacia la izquierda pero su disparo terminó en las manos del arquero.
Las avivadas del juvenil canalla sirvieron para despertar a la visita que hasta ese momento miraba como atacaba Lanús y esperaba el error para salir de contra.
A los quince llegó una nueva chance para el Canalla, tras un córner para el Granate, Acuña aceleró en la recuperación, cambió para Federico Carrizo que llegó al borde del área, enganchó y sacó un tiro que tapó bien, abajo, Marchesín.
Central había empezado a jugar de contra, pero la intensidad en su ataque lo obligó a avanzar en el terreno y a complicar al arquero local que empezaba a tener un rol protagónico.
Pero algunas imprecisiones permitieron que Lanús empiece a avanzar en el campo de juego. Así, la defensa fue perdiendo solidez y el Granate ganaba confianza y convicción para embestir contra el arco de Mauricio Caranta. Las situaciones de riesgo empezaron de apoco, hasta una jugada a siete del final del primer tiempo dónde el arquero canalla y la defensa taparon dos tiros dentro del área.
Rosario Central había ido de mayor a menor, mientras que Lanús supo dominar en los primeros minutos, pero se fue diluyendo hasta que al final reapareció como el Fénix.
En el segundo tiempo, la historia se mantuvo igual, el Canalla quedó muy replegado y Lanús arremetía como podía contra el arco de Caranta. Las situaciones llegaban pero los goles se hacían esperar.
Así se dieron cinco minutos de pura acción, primero con un tiro libre de Víctor Ayala que se fue cerrando, nadie desvió y terminó en el fondo del arco visitante. Cuando se juega con fuego es difícil no quemarse, Central estaba muy atrás y a la larga el Granate lo iba a aprovechar.
Pero en la réplica llegó un desborde de Acuña con un centro para Abreu que pivoteó para Méndez, el volante abrió con Carrizo y el Pachi sacó un tiro inatajable para Marchesín. 1 a 1 y como si todo lo anterior no existiera, la visita iba por más, llegó un centro conectó el Loco para la segunda conquista canalla. Pero no fue así, el línea cobró offside, en una jugada muy fina arruinando los planes.
El reloj siguió corriendo, el partido era de ida y vuelta pero el que mejor estaba era el local que tenía la profundidad necesaria para lastimar. Central, se ahogaba en sus propias intenciones y no podía llegar con claridad.
Parecía que no había mucho más para mostrar pero sobre el final apareció un córner que conectó Carlos Izquierdoz y el Canalla se quedaba con las manos vacías, mucho para nada. Los intentos auriazules no cedieron y, por el contrario, se vieron los mejores minutos del equipo de Miguel Ángel Russo, con mucho ritmo llegó en dos oportunidades, muy claras, pero Marchesín estuvo para taparle el cabezazo a Sebastián Abreu y después para contener un centro en el corazón del área. El ingreso de Franco Niell por Walter Acuña poco pudo aportar y la sentencia estaba dictada.
Rosario Central manejó el partido en el arranque pero se fue quedando, retrocedió en el campo y cuando tuvo que salir a buscar la victoria era demasiado tarde. El campo de juego también jugó y quizás eso sea un condimento para atenuar la derrota.
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