La semana pasada Control Urbano y policía desalojaron a un hombre que estaba en una carpa cerca del Club Rosario Central.
En Arroyo Seco, la situación de personas en situación de calle volvió a instalarse en el centro del debate público. Durante los últimos meses, vecinos y organizaciones religiosas observaron con preocupación cómo grupos reducidos de hombres comenzaron a instalarse en el anfiteatro municipal, utilizando ese espacio para pernoctar ante la falta de techo, contención y asistencia estatal. La escena, que refleja un deterioro social silencioso, contrasta con la imagen de ciudad en desarrollo que intenta proyectar la gestión actual del intendente Daniel Tonelli.
La presencia de estas personas, que se agrupan principalmente en las inmediaciones del anfiteatro, ha despertado la inquietud de ciudadanos comprometidos que desde el ámbito comunitario intentan paliar la urgencia con acciones solidarias. Es el caso del grupo vinculado a la parroquia La Asunción, que se organizó para brindar comida caliente, ropa, frazadas y contención en medio de las temperaturas más bajas del año. Sin embargo, según denuncian, desde el Estado municipal no hubo una respuesta concreta. Lejos de proponer soluciones estructurales o de emergencia, la política local parece haber optado por mirar para otro lado.
Gabriela, una de las voces activas de este grupo, brindó un testimonio crítico y desgarrador. “Yo realmente no entiendo a este gobierno. Sabemos que esta gente acarrea un problema, son personas con adicciones, pero ¿cuál es el rol del Estado entonces? ¿Correrlos?”, planteó durante una entrevista. Según relató, en los días de frío más intenso apenas se les acercó un bolsón con fideos: “¿Dónde lo van a cocinar esa gente? ¿En qué lugar?”, cuestionó.
A lo largo del diálogo, Gabriela apuntó directamente contra la titular de Desarrollo Social de la Municipalidad, Natalia Spadoni, a quien acusó de inacción: “Fuimos un montón de veces a decir que le den una mano a esta gente. No sé qué hace. Acción Social está para ver los problemas del vecino, no para salir en la foto del desfile, contentos y cambiaditos”, ironizó, dejando en evidencia la desconexión que perciben entre los funcionarios y la realidad de la calle.
El testimonio incluye también referencias a otros hechos preocupantes. Uno de ellos, el caso de Cristian y su esposa, quienes a principios del mes de marzo vivieron durante una semana en su vehículo particular estacionado en el Paseo Pedro Spina. Desde Acción Social, lejos de darles una mano, les pidieron que se vayan porque “daban mala imagen en el predio”, declaró en su momento el mismo vecino que luego indicó que le ofrecieron 200 mil pesos para que deje ese espacio público sino lo iban a sacar con la fuerza pública y que no hable más con la prensa.
A eso se suma la práctica —también señalada— de ofrecer dinero a personas en situación de calle para que abandonen la ciudad y regresen a provincias como Chaco, sin siquiera comprobar si realmente pertenecen a esos lugares. Y sobre esto Gabriela comentó que a uno de los hombres que está parando en el Anfiteatro le dijeron que le pagaban el viaje a Chaco, pero esta persona nunca vivió en esa provincia, siempre fue de Arroyo Seco.
En este contexto, la iglesia y sus voluntarios asumieron un rol activo ante la ausencia del Estado. A través de una grilla organizada, recolectan alimentos, frazadas y ropa de abrigo. También se han acercado en forma regular a dialogar con las personas que hoy habitan el anfiteatro. “Hay uno que se llama Ramón, tiene más de 60 años. Está tan descuidado…”, contó Gabriela. También narró el caso de otro hombre que pasó dos días acostado, sin que se supiera si estaba enfermo o descompensado. “Intentamos llevarlo al hospital, pero en esas condiciones nadie lo quiere atender”, lamentó.
Y quien parece vivir en una realidad paralela es el intendente Daniel Tonelli, ya que en lugar de abocarse a lo verdaderamente importante, prioriza las apariciones públicas, los actos y las fotos, por sobre la atención a las urgencias sociales. “No lo ve el intendente, no sale, no ve, no se entera. Ahí no se saca fotos”, disparó. Recordemos incluso que durante lo que fue el acto por el 9 de Julio, Tonelli habló de una ciudad que “crece a pasos agigantados”.
Y no podemos dejar de referenciar, una denuncia adicional que reflota el desmanejo en el área social tiene que ver con la mercadería destinada a las fiestas de fin de año. Según se pudo saber oportunamente, más de 800 bolsones llegaron en diciembre para ser distribuidos entre familias de bajos recursos. Sin embargo, nunca se entregaron. Permanecieron almacenados durante semanas en el galpón del ferrocarril —donde funciona Acción Social— y terminaron pudriéndose. Esta lamentable noticia, quedó registrada en una fotografía que fue tapa del semanario La Posta Hoy. Frente a eso, el secretario de Salud, Mariano Athie, lejos de investigar por qué no se repartieron los bolsones, se habría enfocado en averiguar quién filtró la imagen. Reunió a los empleados y los presionó para saber quién había pasado la foto, fue lo que contaron desde adentro de la municipalidad e hicieron llegar a este medio, indignados con esta actitud.
En este escenario, vecinos y organizaciones sociales continúan haciendo lo posible para sostener a las cuatro o cinco personas que hoy viven a la intemperie en el anfiteatro.
Además de reclamar un espacio transitorio para dormir —como el uso de los “tiburones” municipales, donde hay camas y baños—, piden que se les garantice la posibilidad de higienizarse y atender cuestiones básicas de salud.
Finalmente, desde el grupo solidario se convocó a quienes quieran sumarse a esta red de asistencia. Los interesados pueden contactarse con cualquiera de los referentes de esta cruzada humana (pertenecen al grupo de la Parroquia) que, por ahora, es la única presencia real frente al drama invisible de la calle.
Mientras tanto, desde el Estado Municipal no se han pronunciado oficialmente sobre esta situación. Lo cierto es que, al margen de las declaraciones de ocasión o las fotos en actos públicos, la emergencia social sigue estando ahí, en el corazón de Arroyo Seco, debajo de un techo del anfiteatro, sobre un colchón viejo y entre dos cartones, en plena intemperie.
La Municipalidad envió a inspectores para acelerar el proceso de demolición de una construcción que corresponde a la ampliación de la vivienda que está pegada al Museo Municipal. Según afirmaron desde el Estado local, no se puede edificar en ese espacio. La familia que allí habita ya había tenido conflicto con la propiedad hace 7 años, cuando la empresa de trenes NCA había querido desalojarla.
Las gestiones iniciaron el año pasado ante la Dirección de Transporte Provincial, con presentaciones sobre la situación crítica del transporte público y la demanda incumplida en el servicio que brinda Rosario Bus. Más allá de algún refuerzo posible en cuanto a horarios, la empresa y la provincia habrían logrado que la ciudad pueda tener un transporte propio de carácter interno, similar con el que cuenta la comuna de General Lagos con "El Laguense". A diferencia de la localidad vecina, Arroyo Seco se demoró: Los organismos principales esperaban la presentación de papeles y transferencias de capital pero la gestión de Daniel Tonelli, al parecer, por ahora, lo desestimó.