El sector del transporte de cargas se encuentra en estado de alerta tras el último aumento en el precio de los combustibles. Según advirtieron diversas cámaras empresarias, la suba no solo erosiona la rentabilidad de las empresas de transporte, sino que genera una presión insostenible sobre toda la cadena de suministros.
El combustible representa, según el tipo de trayecto, entre un 40% y un 50% de los costos operativos de un camión. Por este motivo, cada movimiento en el surtidor se traduce de manera casi inmediata en una necesidad de renegociar las tarifas de flete.
Los referentes del sector destacaron tres preocupaciones principales que afectan la competitividad del transporte por carretera:
Desfase de tarifas: Los contratos de flete suelen tener cláusulas de ajuste, pero los aumentos de combustible son más frecuentes y veloces que la capacidad de actualizar los acuerdos con los dadores de carga.
Insumos dolarizados: Además del gasoil, los transportistas enfrentan subas en neumáticos, repuestos y lubricantes, muchos de los cuales están sujetos a la cotización del dólar.
Caída del volumen: La recesión económica ha provocado que haya menos mercadería para transportar, lo que genera una competencia agresiva por los pocos viajes disponibles, muchas veces trabajando por debajo de los costos reales.
Desde la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) y cámaras regionales, señalaron que este escenario termina golpeando el bolsillo del consumidor final. "El camión lleva todo: desde la leche hasta el cemento. Si el flete sube porque el combustible no para de aumentar, ese costo termina tarde o temprano en la góndola", explicaron fuentes del sector.
Los transportistas reclaman medidas que alivien la presión fiscal sobre el sector o esquemas de "gasoil diferencial" para el transporte de producción nacional. Advierten que, de continuar esta tendencia sin una actualización de las tarifas de referencia, muchas pequeñas empresas familiares y choferes autónomos podrían quedar fuera del sistema.
En la imagen, el mandatario aparece almorzando en lo que se supone es el interior de la Casa Rosada, mientras que por la ventana se aprecia simultáneamente la Plaza de Mayo junto al propio edificio de gobierno, una combinación visual imposible
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