La tuberculosis (TBC), una enfermedad que muchos asociaban a los libros de historia o a siglos pasados, está más presente que nunca. En los últimos años, el sistema de salud ha detectado un repunte en los diagnósticos, impulsado por factores socioeconómicos, la falta de controles post-pandemia y la resistencia a ciertos tratamientos.
Es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria llamada Mycobacterium tuberculosis (también conocida como el bacilo de Koch). Afecta principalmente a los pulmones, aunque puede atacar otros órganos.
Dato clave: No se transmite por compartir mates, cubiertos o ropa. El contagio se produce de persona a persona a través del aire, cuando alguien infectado tose, estornuda o habla y dispersa las bacterias en el ambiente.
La detección temprana es fundamental para cortar la cadena de contagios. Los especialistas recomiendan estar atentos a los siguientes signos:
Tos persistente: Por más de 15 días (con o sin flema).
Fiebre y sudoración nocturna.
Cansancio extremo o fatiga constante.
Pérdida de peso injustificada y falta de apetito.
Dolor en el pecho.
Uno de los mayores desafíos actuales es el estigma social que rodea a la enfermedad, lo que demora las consultas. Sin embargo, los expertos subrayan dos realidades fundamentales: la tuberculosis se cura y el tratamiento es gratuito en todos los centros de salud y hospitales públicos.
El tratamiento suele durar al menos seis meses. Es vital no interrumpirlo, incluso si el paciente se siente mejor a las pocas semanas, ya que esto puede generar cepas de bacterias resistentes, mucho más difíciles de combatir.
Vacunación: La vacuna BCG (obligatoria al nacer) protege contra las formas graves de tuberculosis en niños.
Ventilación: Mantener los ambientes ventilados y con entrada de luz solar (el bacilo es sensible a los rayos UV).
Higiene: Cubrirse la boca al toser o estornudar con el pliegue del codo.
El aumento de casos en Rosario y la región refleja una tendencia nacional. La situación de vulnerabilidad social y el hacinamiento son factores que facilitan la propagación, pero los médicos aclaran que cualquier persona, sin importar su nivel socioeconómico, puede contraer la enfermedad.
La recomendación es clara: ante una tos que no se va en dos semanas, el primer paso es el centro de salud más cercano. Un diagnóstico a tiempo salva vidas y protege a la comunidad.
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