La palta es una fruta que se instaló fuerte en los últimos años en nuestra dieta. Su cremosidad y suave sabor la volvieron una de las opciones preferidas para quienes eligen alimentarse saludablemente. Ni hablar de los que la degustan en la salsa guacamole, esa delicia que los mexicanos supieron inventar y el resto del mundo, admirar.
Pero, siempre hay un pero, estamos haciendo todo mal. Cortamos la palta en dos, rascamos su pasta verde y tiramos esa enorme semilla que, como un corazón duro y marrón, está alojada en el centro de la fruta. Y es, precisamente, esa semilla que solemos tirar al tacho de basura la parte más rica y nutritiva de la palta. Sí, así como lo lees. Si te gusta la palta, bancate la semilla. O mejor, ¡no dejes de comerla!
Por qué
Según estudios científicos, estas son las razones indiscutibles por las que hay que comerse la semilla de la palta:
Las semillas se pueden consumir de muchas maneras: se pueden secar, rayar, tostar, rostizar y comer. Se pueden comer en ensaladas, beber en tés, smoothies y licuados o consumirse solas (si no les importa el sabor amargo).
Tradicionalmente asociada al fisicoculturismo, la ciencia revela ahora sus potentes beneficios para las mujeres mayores de 50 años. Ayuda a combatir la pérdida de masa muscular, fortalece los huesos y mejora la agilidad mental.
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