El uso de la palabra “autista” como descalificación volvió a instalarse en el debate público local tras una expresión del intendente Daniel Tonelli, que generó rechazo y repudios por parte de distintos sectores. El episodio reabre una discusión necesaria: por qué ese término no debe utilizarse de manera peyorativa y qué se pone en juego cuando se lo hace desde un lugar de poder.
Qué significa realmente “autista”
“Autista” refiere a una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA), una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida y que influye en la comunicación, la interacción social y la forma de procesar el entorno.
No se trata de una enfermedad, no es sinónimo de incapacidad ni de desinterés por los demás, y tampoco define el valor o la inteligencia de una persona.
Por eso, el término describe una condición, no una conducta reprochable.
Por qué usarlo como insulto está mal
Cuando la palabra “autista” se usa para descalificar, se produce una doble falta.
Por un lado, se transforma una condición en un agravio, reforzando prejuicios históricos que nada tienen que ver con la realidad del TEA.
Por otro, se daña simbólicamente a personas y familias reales, que conviven cotidianamente con esa condición y luchan por inclusión, respeto y comprensión.
En ciudades como Arroyo Seco, hay personas con TEA, y también familias que trabajan activamente para visibilizar y derribar estigmas. El lenguaje no es neutral: cuando se usa mal, excluye.
En qué se equivocó Tonelli
El error no fue solo una palabra mal elegida. El problema central fue asociar “autista” a una idea negativa, utilizándola como sinónimo de desconexión, indiferencia o incapacidad de escuchar.
Ese uso es incorrecto porque ninguna de esas características define al autismo.
Además, al provenir de un intendente, la expresión adquiere un peso mayor. Quien ocupa un cargo público no habla solo a título personal: sus palabras tienen impacto institucional y social, y pueden legitimar discursos discriminatorios aunque no haya sido esa la intención.
Lenguaje, política y responsabilidad
En los últimos años, el debate sobre el lenguaje no apunta a exageraciones ni censuras, sino a algo más básico: no convertir en insulto aquello que nombra una condición humana.
Usar correctamente las palabras es parte de la responsabilidad de quienes gobiernan, legislan o comunican.
Hablar con cuidado no es una cuestión de corrección política, sino de respeto y empatía. Especialmente cuando se trata de colectivos que históricamente han sido incomprendidos o marginados.
Una discusión que deja una enseñanza
El episodio deja una enseñanza clara: no todo sirve como metáfora, y mucho menos cuando esa metáfora recae sobre personas que ya enfrentan barreras sociales.
“Autista” no es un insulto. Convertirlo en uno es un error que la sociedad, y especialmente sus dirigentes, ya no pueden permitirse.
Legisladores del Concejo Municipal de Arroyo Seco expresaron su repudio a expresiones públicas del intendente Daniel Tonelli, al considerar que sus dichos banalizan y descalifican al autismo y a las condiciones comprendidas dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). El pronunciamiento fue firmado por José Luis Murina, Damián Salinas, Milagros Serra y Julián Polinesi, con la excepción de los ediles Matías Attoresi y Gustavo Delorenzi, quienes no acompañaron la firma del comunicado. En el texto, los concejales exigieron al jefe del Ejecutivo una retractación pública, el reconocimiento del agravio ocasionado y la adecuación de su discurso a los valores de respeto, inclusión y responsabilidad institucional.
En una entrevista que pretendía ser una defensa de su gestión, el intendente Daniel Tonelli terminó envuelto en una fuerte polémica tras utilizar una metáfora sumamente desafortunada. Al intentar despejar dudas sobre la operatividad de su equipo de gobierno, disparó una frase que no tardó en viralizarse: "La gente tiene que saber que nosotros nos ocupamos... que no somos autistas ni nada".