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Rodolfo Ciarallo recorrió el mundo a bordo del crucero General Belgrano y la Fragata Libertad

“Desde Lisboa a las Islas Bermudas”. Es vecino de Arroyo Seco y durante seis años estuvo al servicio de la Patria.

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La pasión de Rodolfo Luis Ciarallo por la marina comenzó cuando tenía no más de once años. Allí, en la Escuela Nacional N°36, los marinos de Dársena Norte eran los padrinos de la institución y, además de llevarles regalos, los invitaron a sumarse a su profesión.

Si bien el ingreso se permitía a partir de los 17, Rodolfo esperó todo ese tiempo con la misma convicción sobre el futuro que quería atrapar entre sus manos: “Viajaba mucho con la mente. Me gustaba conocer y tuve la suerte de conocer demasiado”, dijo en relación a aquél momento.

El primer pasó que dió fue en la Isla Martín García, luego saltó en grande y pisó el ARA General Belgrano y ahí cumplió la mayoría de edad en 1961. A partir de 1962, fue instructor en uno de los barcos que la Armada Argentina envió en el marco del conflicto del bloqueo a Cuba.

Ya en 1964, Rodolfo se unió a la Fragata Libertad donde participó de la regata con grandes veleros del mundo: “desde Lisboa a las Islas Bermudas”, agregó y explicó: “Ese era un evento que había programado Kennedy pero lo mataron en 1963”. También en el mismo año, el buque escuela de la Armada Argentina navegó por primera vez el globo y él fue parte de la experiencia.

Rodolfo Ciarallo, un hombre simple y agradecido con la rama naval de las Fuerzas Armadas argentinas y con Coco Ponce, también vecino de Arroyo Seco y compañero del crucero General Belgrano con quien compartió historias y vivencias y el dolor de su hundimiento el 2 de mayo de 1982.

Una vida cargada de ilusiones cumplidas en sus cortos pero intensos seis años al servicio de la patria y de aquel niño que una vez soñó con recorrer el mundo y llevar su experiencia adonde quiera que vaya.

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