El escruche fue en la casa de los padres del jugador Javier López.
Javier López tenía 20 años cuando empezó a viajar detrás de un sueño: jugar al fútbol.
En una década y media, pasó por Chile, México, Bolivia, Venezuela, Italia, Suiza y hasta Liechtenstein, una pequeña monarquía de Europa Central. Durante todo ese tiempo, el defensor rosarino que hoy tiene 35 años juntó cerca de 200 camisetas de fútbol que guardaba como recuerdo de su carrera en un placard de la casa de sus padres y que este sábado a la noche fueron robadas. Aprovechando que no había nadie en la vivienda ubicada en la zona sur de Rosario, los ladrones se alzaron, además, con la computadora con la que trabaja su hermano, varios televisores, joyas y dinero en efectivo. En diálogo con El Ciudadano, el jugador de fútbol ofreció recompensa para recuperar tanto las casacas como la computadora.
El sábado a la noche, Ofelia (57) y Carlos (59), los papás de Javier López, salieron de su casa de Pasaje Coni al 6200 pasadas las 20 para ir a cenar. Cuando regresaron y estaban por entrar el auto a la cochera, Ofelia vio que la puerta estaba abierta y todas las luces encendidas. Al entrar, se encontraron con todo revuelto y que les habían robado. En la casa vive también Juan Manuel, el hermano menor de Javier que se recibió hace algunos meses de arquitecto y es orgullo de la familia. Entre los objetos robados, estaba su computadora con documentos de trabajo de casi cinco años. Además, los ladrones se llevaron tres televisores, alhajas de Ofelia y dinero. Pero sin dudas, el botín más llamativo del escruche fue la colección de unas 200 camisetas de fútbol que Javier guardaba en la casa de sus padres por falta de espacio y por la vida nómade que llevó los últimos 15 años
Javier López debutó en primera en el 2001 y desde ese momento empezó a guardar las casacas de fútbol, casi como armando un currículum. “Las camisetas que me robaron son únicas, no sólo porque son originales sino porque son el recuerdo de todo lo vivido en mi carrera”.
“Había camisetas de todo el mundo, de la Copa Libertadores y de otras copas internacionales. Otras estaban firmadas por jugadores, hasta tenía de cuando estaba en las inferiores de Newell’s. Una de las últimas era una que cambié con Diego Milito de Racing y otra con Sebastián Domínguez de Vélez, que además era de los 100 años del club. Todas eran camisetas no se consiguen más”, contó el defensor.
“Uno por el fútbol se va a cualquier lado, es una experiencia que te hace madurar de muy joven, aprendés a vivir solo y a afrontar muchas situaciones”. Su última parada duró cinco años y fue en el fútbol venezolano. Se casó con una rosarina con la que tiene dos nenas de siete y tres años. Hace un mes regresó a Rosario a la espera de una nueva oferta laboral.
Para Ofelia, el robo a su casa no fue azaroso: “Mucha gente sabe que mi hijo Javier es conocido y por eso pueden llegar a pensar que tenemos plata, pero nosotros somos una familia de trabajadores, yo soy empleada doméstica y mi marido es camionero”.
Javier sostuvo que ofrecerá una recompensa para recuperar tanto las casacas como la computadora de su hermano. “Juan Manuel es arquitecto y está trabajando mucho, en esa compu tenía un montón de proyectos. Las cosas materiales que se robaron las podés comprar de nuevo. Las camisetas son importantes, pero para mí lo vivido, vivido está”, concluyó.
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