El Pontífice argentino visitó la necrópolis que se halla bajo la cripta y la basílica vaticana. Rezó de manera silenciosa y conmovido. La historia del lugar que alberga los restos del apóstol
El Papa Francisco visitó este lunes la tumba de San Pedro, en la necrópolis que se halla bajo la cripta y la basílica vaticana, lo que supone la primera vez que un pontífice desciende hasta ese lugar, donde oró de manera silenciosa y conmovido, informó el Vaticano.
Francisco acudió acompañado por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica Vaticana; el delegado de la Fábrica de San Pedro (que se encarga del mantenimiento de los edificios del Vaticano), Vittorio Lanzani, y de su secretario, Alfred Xuareb, y el responsable de la necrópolis, Pietro Zander.
Antes de descender a las excavaciones de la necrópolis vaticana, el Papa recorrió toda la parte central de la misma, que discurre bajo las Grutas Vaticanas (cripta) y el templo, escuchando las explicaciones de Comastri y Zander.
Después llegó al lugar donde se encuentra la tumba de san Pedro, exactamente bajo el altar central y la cúpula de la basílica.
En la capilla clementina, el lugar más cercano a la tumba del Príncipe de los Apóstoles, el Papa rezó en silencio durante unos minutos y se le vio emocionado, según informó el Vaticano.
Francisco recorrió después, ya en las Grutas Vaticanas las tumbas de los papas del siglo pasado que están enterrados allí: Juan Pablo I, Pablo VI, Pío XII, Pío XI y Benedicto XV.
También fueron enterrados en las Grutas Vaticanas Juan XXIII y Juan Pablo II. Pero los restos de los dos beatos fueron trasladados a la basílica y colocados en sendas capillas para permitir un mayor flujo de fieles.
El primero que fue subido a la basílica fue Juan XXIII y en su tumba fue enterrado después Juan Pablo II. Ahora esa tumba, muy cercana a la de San Pedro está vacía.
Los restos de san Pedro fueron descubiertos a mediados del siglo pasado. El Príncipe de los Apóstoles murió martirizado en la colina vaticana, que era el circo de Nerón, y la basílica se levantó en el lugar donde se aseguraba que fue enterrado, pero sus restos no fueron identificados hasta entonces.
El Papa Pío XI deseaba ser enterrado lo más cerca posible del Apóstol por lo que su sucesor, Pío XII (1876-1958 y Papa desde 1939 a 1958), ordenó excavar en las inmediaciones de la tumba nada más subir al Solio Pontificio con el objetivo de localizar los restos.
A partir de 1940 comenzaron las excavaciones, que se prolongaron durante diez años.
Los arqueólogos encontraron una inscripción en griego que decía "Petros eni" (Pedro está aquí) y huesos. Tras numerosas pruebas, Pío XII anunció en 1950 que habían sido encontrados los restos del Apóstol.
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